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Sin lácteos, por favor: una guía para reemplazar los lácteos.

 by Eva
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Los lácteos son nuestra primera fuente de alimentación y de conexión materna. Crecimos en un mundo lácteo que, durante nuestra niñez temprana, aportó mucho a nuestra nutrición. A medida que fuimos creciendo y nuestro cuerpo empezó a recibir otro tipo de alimentos, los lácteos dejaron de ser necesarios porque ya no los asimilamos con la misma facilidad que cuando éramos bebés.

 

A medida que crecemos nuestro cuerpo deja de ser ‘apto’ para recibir lácteos. La enzima que digiere la lactosa se llama lactasa y esta deja de producirse en los adultos. Es por eso que a medida que crecemos dejamos de tolerar la leche.

 

Si queremos que nuestra digestión sea sana y no entre en conflicto con nuestro cuerpo, debemos reemplazar los lácteos por otro tipo de bebidas. Aquí te daré varias opciones muy fáciles de preparar.

 

¿Qué necesitas?

 

Tela o malla

Una malla para separar los residuos de la bebida. Te recomiendo que busques una tienda de telas cerca de tu casa y preguntes por una tela tipo malla para colar. Funciona mejor que un colador y es muy fácil de lavar.

 

Nueces, avena o arroz

Elige la opción que más te guste y se acomode a tus requerimientos alimenticios. Las bebidas de nueces tienen más proteínas que las de arroz, avena o los lácteos. En cuanto a los precios, las nueces son más costosas que el arroz y la avena, pero puedes variar entre ellas: ¡Ponte creativa!

 

 

Bebida de almendras

 

Desde que muchos estudios empezaron a desmitificar los grandes beneficios de los lácteos, se dieron a conocer nuevas opciones para reemplazar la leche y tener una mejor digestión. Fue en este momento cuando las almendras tomaron todo el protagonismo.

 

Las almendras son ricas en Vitamina E, magnesio, calcio, fósforo y antioxidantes. Aportan grasas buenas, por eso son una fuente de energía de fácil digestión. El magnesio y las vitaminas del grupo B presentes en las almendras nos ayudan a descansar mejor y a combatir la fatiga muscular.

 

¡Prepárala en casa!

 

Hacer una bebida de almendras es un fácil. Para comenzar, pones a hervir las almendras por un minuto, quítales la piel con tus dedos y licúalas un par de minutos. Luego, pasa la mezcla por el colador o la malla y separa la bebida de los residuos sólidos. Guárdala en la nevera en un recipiente cerrado. Estará lista para consumir sola o integrarla a tus recetas favoritas y dura hasta 5 días en refrigeración. 

 

Bebida de arroz

 

La leche de arroz integral es una buena opción para sustituir los lácteos y suele resultar más económica que las bebidas de almendras y avellanas, pero su carga nutricional es un poco más baja. Contiene lípidos, ácidos grasos esenciales (Omega 3 y 6) y su contenido calórico es más bajo que el de los lácteos tradicionales. Una gran ventaja es que no contiene gluten y es ideal para controlar la gastritis y la acidez estomacal.

 

 ¿Cómo prepararla?

 

Deja el arroz en remojo por dos horas, luego lávalo muy bien y ponlo en una olla con agua y un poquito de sal. Si quieres que tu bebida quede más cremosa, agrega una cucharada de aceite o ghee, pero ten en cuenta que esto aumentará el valor calórico de la leche.

 

Cocina el arroz hasta que esté blando y déjalo enfriar unos minutos. Agrega un poco de endulzante natural (te recomiendo Stevia) y tritúralo en la licuadora. Al final solo tendrás que pasarlo por el colador o malla para separar toda la bebida de los residuos y aprovecharla mucho más. Esta preparación se tarda un poco más, pero vale la pena probarla y comparar cuál bebida te sienta mejor.

 

Bebida de Avena

Así como el arroz, la avena ha sido parte fundamental en la nutrición de los hogares. La avena contiene magnesio y galactolípidos que calman el sistema nervioso y ayudan a dormir mejor. Además, es rica en calcio, hierro, fósforo y vitaminas B1, B2 y B3 y beta-glucanos que controlan los niveles altos de colesterol. Desafortunadamente, la avena contiene gluten y por lo tanto no es apta para celíacos.

 

¡Hazla tú misma!

 

Para prepararla solo debes dejar en remojo una taza de avena durante una hora. Lávala muy bien y licúala con cuatro tazas de agua (diferente al agua en la que la remojaste). Para finalizar, cuela muy bien la avena con la malla o colador de bebidas lácteas y guárdala en un recipiente cerrado en la nevera. La avena tiene un sabor parecido a las avellanas y sabe muy bien cuando la mezclas con endulzante natural, vainilla o chocolate. ¡Te gustará tanto que ni te acordarás de los lácteos!

 

 Tomar la decisión

 

Estamos muy acostumbradas a los lácteos y, aunque parece algo pequeño, hacer este cambio requiere esfuerzo y compromiso. No significa que nunca vayas a comer o tomar nada lácteo, significa que puedes elegir lo que aporta más beneficios a tu digestión.

 

Tómate una semana para revisar cómo te sientes después de comer algo que contiene lácteos. Presta atención a tu estómago, mira si se hincha, si lo sientes revuelto, si tu piel se brota o tus ojos lagrimean de forma anormal. Hay muchos síntomas que nos indican que algo no nos está cayendo bien, pero a veces pasamos más tiempo en nuestra mente que en prestar atención a cómo se va sintiendo nuestro cuerpo en el día a día.

 

Toma una libreta y apunta cómo te sientes después de comer. Comprométete con tu alimentación y ve más allá de una simple receta. 

 

Un consejo final: ¡Disfrútalo todo!

 

Quiero que tengas en cuenta algo muy importante. Cada día conocemos más alimentos y recetas saludables. Todo esto, acompañado de una buena rutina de ejercicios, hará que tu cuerpo esté en balance. Todo lo que hagas por ti es muy valioso, pero no caigas en extremos. No te sientas mal si un día sales a cenar y quieres pedir un postre hecho con leche o una pizza Marguerita. La digestión empieza con tus pensamientos. Puedes estar comiéndote una ensalada muy sana, pero si estás estresada y preocupada por las calorías, no la vas a digerir bien. Si en cambio, estás comiéndote un trozo de tu pizza favorita con el corazón feliz, tenlo por seguro que tu cuerpo lo va a recibir mucho mejor. Date la oportunidad de comer lo que quieras y cuidarte al mismo tiempo. Aliméntate con equilibrio y conciencia. 

Los lácteos nos dieron mucho cuando éramos bebés, pero es hora de darles un descanso y abrirle las puertas a opciones más amigables con nuestra digestión. Todo lo que hagamos para cuidar nuestro cuerpo, lo veremos reflejado en nuestra salud, en cómo nos sentimos y lo más importante: en cómo funciona nuestro cuerpo. Cuida de ti por dentro y por fuera con pequeños cambios. ¡Ve a tu ritmo y disfruta los resultados!